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Con la renovación de los diferentes órganos comarcales y la constitución del Comité Nazional el pasado 24 de marzo, podemos dar por cerrado el proceso congresual en el que los hombres y mujeres de CHA hemos reflexionado y debatido sobre lo que hemos hecho y dejado de hacer en los tres años anteriores, nos hemos fijado nuevos horizontes y hemos renovado las responsabilidades de cara a afrontar una nueva etapa, sin duda en uno de los momentos más decisivos de la historia reciente de Aragón. Sin embargo, más allá de los aspectos orgánicos, poco interesantes para la ciudadanía, el nuestro ha sido un congreso de compromiso con los viejos y nuevos retos de nuestra tierra y de sus gentes. CHA está a punto de cumplir 15 años y el nivel de representatividad alcanzado tras el último ciclo electoral (siendo la tercera fuerza más votada en las generales de hace un año), además de las expectativas de crecimiento futuro, viene a confirmar que el proyecto político del aragonesismo de izquierda está consolidado en el panorama político aragonés. Para nosotros constituye una enorme satisfacción poder representar diariamente a tantas personas que confían en nuestra forma de entender y gestionar lo público. Somos conscientes de que debemos continuar siendo un instrumento al servicio de la sociedad, un partido accesible a las inquietudes y demandas ciudadanas, comprometido con los valores de la radicalidad democrática, la noviolencia y la defensa del medio ambiente, una fuerza dispuesta a plantar cara a las injusticias que viene sufriendo Aragón, pero también que se prepara para asumir mayores responsabilidades en los próximos años. Nada de lo que ocurre nos puede resultar ajeno, por tanto. El
resultado de los grandes debates que ya están abiertos van a determinar
el inmediato futuro de Aragón, y sus efectos, para bien o para mal,
marcarán nuestras vidas por lo menos durante medio siglo. Este año
toca aprobar En semejante escenario, resulta fundamental mantener ese espíritu reivindicativo que los aragoneses han despertado en los últimos meses: las masivas movilizaciones antitrasvase en Zaragoza, Barcelona y Madrid, pero también la huelga general en Teruel para reclamar inversiones y atención pública a esta tierra olvidada, o el paro general de la montaña contra los grandes embalses son muy buenos ejemplos de ello. La movilización ciudadana debe animar a las instituciones aragonesas a buscar el máximo acuerdo en los grandes asuntos y a ser tremendamente exigentes ante el Gobierno central. Sin presión, puede caerse en la tentación de rendirse ante la mayoría absoluta de Aznar, pero tenemos la razón de nuestro lado, podemos hacer que se escuchen los más sólidos argumentos en Madrid, Bruselas o donde haga falta para defender la autonomía financiera necesaria desde nuestra singularidad territorial y demográfica, para prestar los servicios públicos de calidad que los aragoneses demandan desde las ciudades y desde el medio rural, y para optar por una nueva política hidrológica, basada en el ahorro, el desarrollo tecnológico y el respeto a los valores ambientales y sociales. Por mucha mayoría absoluta que tenga el PP, no puede actuar como si no existiéramos, como si las Comunidades Autónomas no tuvieran un papel constitucional que cumplir, o como si Aragón fuera una " provincia traidora " por cometer la osadía de enviar a Lanzuela a la oposición. No puede actuar como si las Directivas europeas no protegieran los recursos naturales de nuestro territorio o no consagraran el principio de unidad de cuenca hidrográfica, o como si la mayoría de los científicos consultados por el propio Ministerio no hubieran justificado técnicamente el rechazo al Plan Hidrológico. No puede actuar como si un millón de personas no se hubieran movilizado en diversas ciudades en los últimos meses, reclamando una nueva forma de entender la política hidrológica. Aragón puede ganar esos retos que tiene ante sí. Si somos tenaces, la razón y la coherencia terminarán abriéndose paso, como ha ocurrido en Jánovas. Encaremos el futuro, pues, con indignación, pero con esperanza.
En CHA pensamos en clave de futuro: los debates de nuestras cinco asambleyas, la faena que están realizando cada día nuestros cargos públicos, nuestras propuestas y nuestras denuncias,... todo eso, sólo busca que Aragón como pueblo sea más libre, más consciente de sí mismo, un país con el que los aragoneses y las aragonesas (vengan de donde vengan) puedan identificarse y en el que puedan vivir dignamente, resolviendo los problemas con tolerancia, solidaridad y justicia. El papel de Aragón
De nosotros y de quienes pensáis como nosotros depende en buena parte que Aragón pueda estar a la altura de las circunstancias, que Aragón no guarde silencio como hasta ahora, sino que comience a hacerse oír en el conjunto estatal. El examen ciudadano de las urnas
Un giro hacia la izquierda y hacia el aragonesismo
Un nuevo punto de vista, el de CHA, deberá ser tenido en cuenta, lo que servirá para reforzar las políticas sociales, para defender los derechos sociales (el empleo, la educación, la salud, la vivienda,...) que continúan en precario, para restituir el valor de lo público frente a las tentaciones privatizadoras de las derechas, para vertebrar el territorio descentralizando los servicios y la calidad de vida, para poner la protección medioambiental en el sitio que merece,... pero también para reforzar el papel de Aragón en este Estado de las Autonomías deforme y discriminatorio que nos ha negado hasta ahora el lugar que nos corresponde por historia y por derecho. Nuestra presencia cada vez mayor en la sociedad y en las instituciones devolverá a Aragón la dignidad en sus relaciones con el gobierno español y con las comunidades vecinas. Contribuiremos a que Aragón se haga respetar y recupere el protagonismo en la reivindicación de un sistema financiero propio que nos garantice la suficiencia económica, pero también en la apuesta por un nuevo marco plurinacional donde puedan converger la soberanía de los pueblos y la solidaridad interterritorial.
UN PROGRAMA PARA TRANSFORMAR ARAGÓN
Documentos CHA es una colección de estudios en
profundidad sobre algún tema puntual de la realidad aragonesa.
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